Jane Bowles

La escritora Jane Bowles es una creadora única y un personaje fascinante. Su heterodoxia y originalidad le convierten en un poderoso ejemplo de artista y mujer del S XX. Quizá en un mal ejemplo. Definitivamente, en uno de mis malos ejemplos preferidos.

Jane Bowles, de soltera Jane Auer, nace en 1917 en una rica familia judía de New York. La educación selecta que recibió y el poder económico de sus padres le otorgaron la libertad y el conocimiento suficientes para pensar y actuar por si misma. Su delicada salud física y mental, el ser lesbiana en una sociedad conservadora, su intensa relación con las drogas y el alcohol, su nomadismo vital y su matrimonio con Paul Bowles, condicionaron el resto de su vida, su breve pero brillante obra literaria, y su muerte en Málaga en 1973.

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Su figura pizpireta y su personalidad compleja y apasionada  vivieron siempre a la sombra de su compañero, el músico y escritor Paul Bowles, famoso autor de la novela El cielo protector, con el que viajó y vivió largas temporadas por todo el mundo, rodeados siempre por una intelectualidad bohemia y privilegiada, celebrando lujosas fiestas desenfrenadas, abanderados de la transgresión y el hedonismo. México, El Ceilán colonial (hoy Sri Lanka) y Tánger, son etapas clave de su vagabundeo existencial y existencialista. Hoy en día el talento y el valor de esta mujer empoderada, feminista, valiente y frívola, de esta gran escritora lúcida y autodestructiva, aún son injustamente desconocidos.

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En la película de Bertolucci basada en El cielo protector, la protagonista es una mujer menuda y atormentada, dejándose llevar desmayadamente por la vida, quizá en busca de algo que llene el vacío que su generación sufrió tras la II Guerra Mundial y sus atrocidades. La existencia de Jane Bowles, la mejor anfitriona del Tánger dorado, una exquisita alcohólica en Boston, adicta solamente al mejor opio en Ceylán y finalmente la loca solitaria que muere en una clínica mental de Málaga, podría describirse en parte de esa manera.

La Generación del Existencialismo

Los existencialistas Sartre y Camus nos hablan de la falta de verdaderos valores más allá de la propia consideración personal, de la falsedad de los cánones éticos tradicionales, de la farsa que ha sostenido la existencia humana detrás de cuyos pilares de barro y de sus supuestas certezas se esconden la avaricia, la crueldad y el egoísmo del genero humano.

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La toma de conciencia de las realidades que el existencialismo plantea resulta muchas veces abrumadora. ¿Qué hacer, cómo encarar la vida tras entender que no hay un sentido absoluto que la justifique o sostenga? El médico de La Peste de Albert Camus elige la solidaridad y la entrega y permanece ayudando en una ciudad asolada por la epidemia en lugar de escapar. Los Bowles, en cambio, rodeados de una exquisita troupe de artistas, intelectuales bohemios y divinos, buscan en el placer y en la curiosa exploración del planeta y sus diferentes modos de vivir una respuesta a esa falta de valores y de sentido. Son sonrientes desesperados, alegres fiesteros, tristes por dentro.

Jane, la escritora

Y en medio de todo esto, Jane Bowles sigue adelante dejándose llevar, casada con Paul, un homosexual con el que disfruta de libertad dentro del matrimonio y que le estimula intelectualmente, relacionándose con los mejores escritores, músicos y pensadores de su época, viajando por todo el mundo, teniendo affaires y nuevas experiencias eróticas y exóticas. De fiesta en fiesta, viviendo nuevos amaneceres, saboreando nuevos cuerpos… y escribiendo.

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Jane y Paul Bowles

Jane Bowles sólo escribió la rompedora novela sobre una pareja de lesbianas Dos damas muy serias (1943), la obra de teatro Verano en la glorieta (1953), y un libro de relatos, Placeres sencillos (1966). Todos sus libros están protagonizados por mujeres y giran alrededor de los limites, los anhelos y las realidades de la condición femenina en un mundo de hombres. Su prosa es extrañamente moderna, clara y sin artificios. De una sutileza a veces perversa, fresca y muy fácil de leer. Sus temas son profundos pero envueltos en tramas casi intrascendentes: un paseo, una conversación sobre los nuevos vecinos o sobre el clima sirven para evocarnos la excentricidad del individuo, el vacío vital o la soledad intrínseca a lo humano.

Los ambientes que recrea Jane Bowles son limpios y fríos, neutros y ajenos como los de una pesadilla. El desamparo, la inadaptación y el absurdo de lo convencional se dibujan en sus paginas de manera magistral y tocadas con un leve humor acido que las tiñe de melancolía sin caer nunca en la autocompasión.

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De entre los excelentes relatos de Placeres sencillos, publicado en España por Anagrama, el titulado Todo es bonito condensa para mi la especial intensidad de Jane Bowles. La escritora nos presenta a una mujer occidental de paseo por una ciudad colonial en Marruecos. Una norteamericana conoce a una mujer local con la que cruza unas pocas palabras pero con la que establece un vinculo extraño y a la que sigue para asistir a una supuesta boda.

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Sus diálogos transmiten con simplicidad, en un ambiente opresivo e irreal, como de pesadilla, el desencuentro profundo entre dos maneras de entender la existencia, la occidental y la de esas mujeres tradicionales marroquíes. Y Bowles lo hace sin tomar partido por ninguna de ellas. Llegado un momento, buscando lugares comunes que les acerquen, la extranjera protagonista comenta la belleza del paisaje, la bondad del clima y asiente ante la enumeración de las virtudes de la comida nativa. A todos esos comentarios favorables corresponden a coro las mujeres locales.

Más tarde, deseosa de profundizar en su reciente intimidad, confiesa a las mujeres su desagrado por los camiones. Los camiones no le gustan, le parecen feos y ruidosos. Espera que sus nuevas amigas compartan esa queja, que se solidaricen también en la crítica negativa, que, de alguna manera, confirmen un mundo de criterios opuestos, compuesto de buenos y malos, hecho de gustos y disgustos, igual al occidental al que ella pertenece. Pero las norteafricanas niegan ofendidas; aprecian los camiones. Los camiones son muy bonitos, afirman, a ellas les gustan. Y ante la estupefacción de la protagonista sentencian lapidarias: Todo es bonito.”

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Publicado por Alvaro Urkiza

Transeúnte, surfista, escritor

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