La mano del tatuador sujeta con firmeza el bíceps de su cliente. Chirría la maquina con ese ruidito irritante, se detiene a veces; el artista limpia con una gasa la tinta y la sangre.

Poco a poco distinguimos sobre la piel los rasgos de Lampiao, Virgulino Ferreira da Silva, el cangaceiro del Sertao, y de su compañera y lugarteniente María Bonita. Héroes populares, bandidos legendarios y románticos que recorrieron con su banda el nordeste brasileño hasta casi mediado el siglo veinte. Reivindicaron primero su propia libertad y después, arrastrados por una espiral de golpes y escapadas, de épica montaraz y lucha, también la libertad de todos. Hasta su muerte.

lampiao y bandoleros

Lampiao y María Bonita

El personaje de Lampiao se nos aparece rodeado de un halo de misterio y leyenda, de contradicciones. Es un profesor rural delicado, sensible y desorientado que esconde un héroe en su interior. Tras la muerte de sus padres a manos de unos terratenientes forma con María una banda de desesperados y vaga por las agrestes sierras del Cangazo buscando justicia y venganza, robando a los ricos para dar a los pobres. Hasta que en 1938 un ejército de mercenarios contratado por los hacendados y el gobierno sitia a su banda y los asesina a traición. Las cabezas de Lampiao y María Bonita junto con las de sus más famosos compañeros fueron expuestas en la ciudad de Recife para escarmiento del populacho que los había convertido en héroes. Hay fotos de su vida y de su muerte.

Ahora, en el milagro sobre la piel, resucitan.

lampiao banda

El tatuaje está terminado. Lampiao lleva gafas y a su lado María Bonita parece pequeña y vivaz. Es evidente que están enamorados. Sujetan dos perros de caza que posan también para la imagen. Aparecen en segundo plano, respetuosos, Corisco y otros cangaceiros de la banda sosteniendo sus fusiles, vistiendo los uniformes diseñados por Lampiao. Brillan los sombreros semicirculares inspirados en el napoleónico, adornados con estrellas y soles de metal. Son marciales y poéticas las cartucheras cruzadas en el pecho y los pantalones bombachos embutidos en botas altas de cuero. Los uniformes de un puñado de soñadores condenados a perder y morir, a pasar a la historia y la leyenda, a inspirar la imaginación y el ansia de libertad de generaciones.

El desierto del Sertao

El turista que disfruta de la costa del nordeste brasileño, desde el estado de Salvador de Bahía al de Maranhao, no imagina por lo general la sorpresa geológica que reserva el interior del país. Aquel que va más allá de la estrecha franja de vegetación al lado del mar y sale del circuito turístico encuentra una enorme área seca, casi desértica. El Sertao, la tierra de Lampiao.

cabezas de lampiao y banda
1938, Recife, Brasil

Es el imperio de la Caatinga, un arbusto espinoso que simboliza por su resistencia el espíritu de esta región y de sus gentes, donde veinte millones de brasileños comparten 800.000 kilómetros cuadrados de aridez con 45 especies de serpientes. El humedal lleno de vida y la Amazonia madre surcada por ríos caudalosos enmarcan este suelo dramático donde no llueve durante años.

Pobre, heroico y agreste, el Sertao ha desarrollado toda una cultura, desde lo gastronómico a lo musical. Tierra sin ley pero refugio de perseguidos y forajidos mucho antes de la época de Lampiao y es probable que aún hoy. En sus sucursales de banco hay todavía marcas de disparos en la pared y, si eres forastero, la policía de los pueblos te interpela. Salí literalmente quemando rueda de Areias, ese día aciago.

desierto sertao

Esclavos libres

Brasil fue el último país del planeta en prohibir la esclavitud. Casi hasta el siglo 20, primero los portugueses y después los criollos brasileños, arrancaron legalmente de sus casas a nativos de África y por la fuerza los trajeron y obligaron a trabajar aquí. Algunos de ellos se rebelaron.

En los barracones llamados Sensalas, donde familias enteras se hacinaban como ganado y donde nacieron la Capoeira y el Candomblé, germinó la semilla de la rebelión. Personas esclavizadas escapaban siguiendo a caudillos propios, huyendo hacia su libertad.

capoeira antigua

El instinto natural les llevo a las zonas más alejadas y difíciles de rastrear en su busqueda: la selva amazónica y el desierto del Sertao. Allí se les unieron mujeres y niños y juntos crearon repúblicas libres, los Quilombos.

Tres generaciones nacieron entre las cercas de estas ciudades, cultivando y pescando, cazando y vigilando caminos y desfiladeros, batallando contra los ejércitos regulares.

Organizadas y autónomas, simbolizaron para toda la población esclava y para todos los oprimidos una oportunidad de recobrar su dignidad perdida, una tierra prometida, y un ejemplo de resistencia posible contra la sumisión forzosa.

jovenes en brasil

Zumbí de Los Palmares

Tras varias expediciones de conquista fracasadas, los gobernantes y oligarcas fueron conscientes del peligro que representaba la existencia de los Quilombos en el Sertao para el estado de cosas que les favorecía. Armaron un ejército enorme, cuerpos mercenarios especiales y guías indios expertos en esos terrenos.

Esta vez, la definitiva, los cercaron uno por uno cortándoles el suministro de agua y alimentos, envenenando los arroyos, incendiando los cultivos que aún quedaban a los sitiados. Asesinaron sin piedad a cualquiera que intentase escapar, ancianos, mujeres o niños, robándoles la vida y la categoría de seres humanos que habían recobrado.

Un líder de los Quilombos destaca sobre los demás, su figura legendaria encarna a todos los que se rebelaron frente al poder esclavista del sistema. Se llamaba Zumbí de los Palmares y resistió hasta la muerte. Es todavía hoy símbolo de la lucha por la libertad y lo negro en Brasil, un país que presume de interracialidad pero donde solo un 4% de los universitarios es afroamericano y en cambio el 85% de los habitantes de las cárceles es de color.

El tatuador termina su trabajo. La memoria del Sertao, de Maria Bonita, de Lampiao y de Zumbi de los Palmares continúa viva para todos nosotros.

A pesar de todo.

mujeres brasil

Publicado por Alvaro Urkiza

Transeúnte, surfista, escritor

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6 comentarios

  1. Bonito reportaje…como enamorada de Brasil me gusta oir hablar de un tema bastante poco conocido por los no brasileños e incluso por los propios brasileños, y que configura una base importante de su historia y su cultura, sobre todo en la parte norte y nordeste del país.

    Sólo una precisión, lo que llamas “palmares” son en realidad quilombos, los asentamientos de esclavos huidos de las plantaciones y dominios generalmente portugueses. Uno de los más famosos quilombos fué el Quilombo dos Palmares, liderado como bien dices por Zumbí dos Palmares. Los quilombos se encontraban tanto en el sertao, como en la selva (mata atlántica) en el caso de Bahía, y cualquier otra zona donde los portugueses no pudieran encontrarlos.

    …. y esta ha sido mi pequña aportación a la realidad de Brasil, País do Futuro (como escribió Stephan Zweig hace muuuuuchos años)

    Sigue disfrutando del paraíso terrenal!! (Y vete a pillar unas olitas a Itacaré :-))

  2. SOY BRASILERO DE CORAZON DESDE QUE TENIA 6 AÑOS POR MUCHAS RAZONES, ALLA DE LOS 70S, HAY TANTO QUE APRENDER, HAY MUCHO POR DESCUBRIR Y RETRIBUIR A PERSONAS , SOBRE CUYOS HOMBROS SE DESARROLLO GRAAAAN PARTE DE LA RIQUEZA DEL BRAZIL, QUE SE SEPA TODO, QUE SE RECONOSCA TAMBIEN, AGRADESCO A LOS QUE LOHACEN, ES UN ACTO MAS DE HUMANIDAD QUE DE OTRA COSA, ESO NOS DIFERENCIA DEL RESTO DE ANIMALES, SIGO INVESTIGANDO Y LO HARE Y COMENTARE A LOS MIOS, EMPECE ESCUCHANDO MUJER HILANDERA-MULHER RENDEIRA DE VOLTA SECA, MUCHAS GRACIAS…..

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