Que ya no son el mío, se ha terminado. Ya no me reconozco en ellos. Desde la última vez, al salir de la gasolinera. Volvía conduciendo de contártelo todo y me topé con 100 razones de ladrillo grafiteadas con mi rostro. Allí estaba yo una vez más, pero no era más yo, eran ladrillos y hierro retorcido, crujir de huesos, airbags y olor a neumáticos quemados. Un destino a esquivar urgentemente.

Pero comencemos por el principio: desde hace semanas, como Durero, vivo rodeado de autorretratos. Me veo en los paquetes apilados en las baldas del supermercado, mi rostro sonríe en la publicidad que sobresale del buzón, es una caricatura en las camisetas de los niños del parque. Saludo ausente en el cartel electoral, airado en las pancartas. Con la cara sonrosada del intoxicado recomiendo consumo responsable en el spot del ministerio. Mi cara está en todas partes.

Compro los periódicos y es inevitable descubrir también mi autorretrato en las portadas y en la sección de contactos. No miro en las esquelas por respeto, salto al columnista político, y ahí estoy otra vez, borroso sobre su crónica. Las teleadivinas tienen mi rostro cuando vuelven a equivocarse, el hombre del tiempo soy yo señalando borrascas que se aproximan. Sobre el césped celebra a gritos el gol de la victoria un jugador que soy yo.

En el museo, cuadros y esculturas devuelven mi misma mirada en autorretratos firmados por grandes maestros. Cada protagonista de videojuegos soy yo, gane o pierda. Confuso, bebo y me consulto en el espejo. Gesticulo rápido mirándome de reojo y el reflejo también juega, soy yo, poniendo caras raras y comportándome como un loco. No hay duda, me tengo visto.

Comenzó a extrañarme esta profusión de autorretratos y te llamé por teléfono para contártelo. Dijiste que ya lo sabías, que te ocurría lo mismo, que también me veías por todas partes, en tu carnet de conducir y en el rostro del vagabundo, en tus padres y en cada asistente a la conferencia. En los compañeros de trabajo y en tu programa favorito de TV. También en mi mejor amigo. Si, sobre todo en él, que se le va a hacer. Y adiós, me dijiste. Deseabas que os perdonara y que tuviese suerte. Y que encontrase a otra mujer, una que me viera por primera vez.

Publicado por Alvaro Urkiza

Transeúnte, surfista, escritor

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4 comentarios

  1. Tus palabras me conmueven, las leo y me veo reflejada en ellas. He disfrutado con su lectura, pero hago un punto y aparte y hablo de tus dibujos, son espléndidos. ¡Felicidades!
    Un abrazo

  2. Por suerte no tengo muchos autorretratos, ni ajenos ni propios, en los únicos retratos donde aún se puede ver mi rostro original, es en las fotos que guarda mi madre en un cajón del mueble que hay en el comedor de su casa, un tercer piso sin ascensor, en esas fotos es donde ya casi ni me reconozco, es donde habita la felicidad que un día irradié. Un abrazo Álvaro

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