Un ángel es un disparate con alas, por eso Carmen pasea mirando al cielo. Pocas certezas tiene, pero sabe que no se vuela a ras de suelo.

Carmen pisa leve y deja huella profunda, mantiene los pies firmemente anclados en las nubes.

Cuando se abre el barrio, ella hace rato que cerró el ayer y estrena un mañana flamante, como todos los días. Es incorregible.

Nadie sabe donde vive, parece que los caminos le guardan el secreto y las zarzas le evitan la zancadilla.

Carmen sabe que el amor se regala y que la compasión se miente desde arriba, por eso nunca rechaza un buenos días.

Inquieta a la envidia y a la noche que pasea sus pelos de loca. Mantiene una mano abierta por las esquinas y un susurro para el desesperado.

Desde los balcones se dicen muchas cosas, pero cuando Carmen desfila, todo son suspiros y un silencio hermoso.

Publicado por Alvaro Urkiza

Transeúnte, surfista, escritor, persona.

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